Hitos de la identidad peumina.
Encuentros y desencuentros entre la tradición y modernidad en un contexto global.
Jorge Bravo Cuervo
MG. Sociólogo
Resumen
El artículo da cuenta del
fenómeno de la identidad pueblerina revisada a partir del caso de la
comuna de Peumo, Región de O Higgins, Chile. La consolidación del Estado
desde siglo XIX conllevó un fuerte proceso de homogenización cultural y
centralismo. La fuerte aspiración por el progreso social identificado
fuertemente con la capital del país, si bien es predominante hasta hoy,
en las últimas décadas se ha observado un mayor relevamientos de las
identidades de los pueblos originarios e identidades regionales, en la
medida que el “sueño modernista” no ha reemplazado las certezas que
entrega el terruño originario.
I. La provincia habita en mí.
En mi
biografía Peumo (Región de O Higgins, Chile) es un personaje central, un
acontecer perenne, pues no se trata solo del lugar al cual llegué de
días, en el que me crié y comencé mi deambular, aferrado a los
flotadores dispensado en gracia por la existencia, sino un espacio en el
cuál se despliega o se expande el ejercicio de mi propio ser.
Tristeza, baja autoestima, alegrías y realización, anhelos, amores,
desamores, lo abarcable contenido en ese reducto delimitado entre dos
cadenas de cerros que lo rodean para donde se mire y el paso del curso
desbandado del Río Cachapoal. “el pueblo que llevó conmigo” dijo refiriéndose a su natal Lautaro el poeta Jorge Teiller.
Se
suma, ese transcurrir del tiempo por estaciones del año fuertemente
contrastadas y las labores agrícolas, un abrir y cerrar de los ciclos,
continuados unos a otros, dándole entonces un signo perenne, que
circunscribe y obliga a una alta interacción, una imbricación de
relaciones entre las personas más allá de sus meras ocupaciones,
atributos o condición social, a tal punto de fraguar una fuerte
identidad convocante y unitaria, lo cual contribuye atenuar las
diferencias económicas y sociales como también a compartir el impulso
vital de lo cotidiano.
Asumí por
así decirlo, la convicción de haber vivido en un espacio-tiempo
enclaustrado, de atmósferas asociadas a los colores, a las variaciones
de las temperaturas, a los meses del año, a los saberes y hablas que
transitan, se impregnan se modulan o se tararean “Peumo, Peumo lindo del Cachapoal a la Cruz”,
fui absorbido por la añoranza, el recuerdo, la interpelación cara a
cara y el paisaje me envolvieron en una identidad modeladora de mi
existencia individual. Los deslindes propios “al morir el sol tras la montaña” canta
Buddy Richard en una clara alusión a su natal Graneros….son los hitos
del terruño. El río irriga el valle, en donde los viñedos aledaños y las
quintas de paltos, naranjos y limones aseguran la prosperidad
conllevada, y el cerro ritualizado por la festividad de La Cruz detiene
el dominio candente de Satanás, y más recientemente de las dudas de lo
divino del movimiento laico de finales del siglo XIX. “Erigió
en la cumbre del Gulutrén una cruz de fierro monumental, que es una de
las maravillas de Chile. En su inauguración tomó parte el gobierno
enviando una banda de caballería compuesta de 65 músicos. Asistieron a
la inauguración 10.000 personas, contadas por don Antonio León. Los
trabajos duraron dos meses. El mismo día de la inauguración se convirtió
un talento ateo; y poco después el que inauguró la cruz, con toda su
familia se convirtió bautizándose y casándose y bautizando a todos sus
hijos”. Pág 151 Hanisch.
El
peumino desde pequeño ama su valle, abarrotado de frutos y protegido de
la amplitud del mundo por el curvilíneo cerro Gulutren, el cual parece
coronarse con el icono de la cruz monumental, la que proyecta su
poderío protector desde lo alto. El trazado desordenado y arbitrario de
las calles ayuda a una integración con el paisaje, en donde el verdor de
los árboles, flores y jardines invitan a una convivencia armónica,
pacífica, allanadora de voluntades, aceptadora de la ironía sarcástica
o el pelambre rapaz, sin que casi nunca allá de lamentarse que “la sangre llegue al río”.
Si bien el peumino vibra con el acontecer y el estar en la comarca,
suele abanderizarse con pasión en clubes deportivos, partidos políticos,
en Peumo, todos nos conocemos hasta el hartazgo, así se dificulta que
nos unamos en pos de un liderazgo único, salvo claro esta que en la
fiesta, en eso no hay distingos, nos volcamos y damos riendas sueltas a
una alegría de la que todos participamos, las Fiestas Patrias que
incluyen el asado en el cerro del 20 de septiembre, los Carnavales del
Verano que repletan la plaza y otros eventos (los últimos dos años la
expo-palta), consienten la expresión de una convivencia, moldeada por
décadas y ésta asociada a la posibilidad de acceder aun bienestar sin
grandes lujos ni derroche, pero que acoge e interpreta a la gran
mayoría.
Cuantas veces he escuchado comentarios como estos: “el pueblo no avanza”, “ el negocio de la fruta esta cada vez más malo”,”que el Alcalde aquí o allá”,
en fin mucha preocupación o a veces mucha disconformidad, pero Peumo
como dice la canción, es lindo, único, pues no has nutrido de azares, de
cielos estrellados, de una experiencia mística y de fuerza tutelar,
como estar allá arriba en la cruz o en la ruta del Calvario de Codao, o
los paseos en bicicleta por la carretera de la fruta, o la paz bajos
la sombra de los añosos Peumos de la plaza al mediodía….Peumo que estas
en mí, trataré de hablar lo mejor que pueda de ti y si digo algo que no
te gusta, no olvides que soy uno de tus hijos y que como tal por
sobretodo te amo.
II. Desde los sustratos
La existencia prehispánica.
A la
manera referida por Claudio Magris o del mexicano Luis González en
“Pueblo en Vilo”, la microhistoria, el microcosmos son la posibilidad de
decantar la identidad en su vertiente diacrónica o histórica en la cual
los diferentes sustratos se amoldan y se leen desde el presente. “Todos
los pueblos que no se miran de cerca con amor y calma son un pueblo
cualquiera, pero al acercarles el ojo cargado de simpatía, como es el
caso presente, se descubre en cada pueblo su originalidad, su
individualidad, su misión y destino singulares, y hasta se olvida lo que
tiene de común con otros pueblos” (pág 3-4, González).
Buscando ahondar en la fuerte identidad peumina, es necesario hacer un
recorrido obligado a milenios de años atrás, pues esos habitantes, solo
reconocidos por sus vestigios arqueológicos tienen sin duda ciertas
vivencias comunes por haber compartido estas latitudes. Al menos sabemos
que practicaron formas rudimentarias de agricultura y se ubicaban muy
cerca del río, podemos suponer además, su similitud con nosotros en lo
relacionado a la veneración de los cerros aledaños, artífices constantes
de la ritualidad, por cuanto su ascensión y su distancia de la
planicie, los convierten en altares de ofrenda a lo divino, en las
cumbres esta la cita con los dioses, el pasaje a la eternidad, tan
necesario para asumir los avatares de la vida. “En
la comuna de Peumo (VI Región), situada en el curso medio del
Cachapoal… Se han registrado hallazgos ocasionales de cerámicas que se
puede adscribir al cerámico temprano. Esto ocurre en La Rosa, Concha y
Toro y Rosario Cerro…la localidad de Rosario ha evidenciado- desde hace
años la existencia de un cementerio precolombino...se ha establecido un
fechado de 320 +- 170 DC perteneciente al complejo cultural Llolleo” (pág 2 Cáceres)
Por el
territorio hoy conocido por Peumo pasaron diversas culturas
precolombinas, la llegada de los Incas esta documentada con bastante
evidencias, registradas entorno a la desaparecida laguna Tagua-Tagua
(se ubica a 9 km al oriente) en donde esta situado un pucara, la
existencia de minas de oro en los cerros peuminos con evidencia de ser
explotadas, como la bonanza de las tierras de cultivos, dejan entrever
que los cusqueños tuvieron esta localidad como parte de su dominio. El
Cacique Peomo participa de la resistencia a los españoles y su linaje y
familia bajo su custodia pasan a ser parte de la encomienda de Doña
Inés de Suárez (para más detalles ver op.cit, Hanisch).
Centro de un espacio parroquial
La
parroquia data del año 1662 lo cual nos conduce a lo siguiente: “las
parroquias que se constituyeron en estos poblados nuclean a una extensa
área rural. Cobran diezmos a los pobladores y a cambio entregan los
sacramentos. Se realizan con periodicidad misiones a zonas alejadas
del centro parroquial y se establecen festividades religiosas de
adoración al santo patrón o santo patrona del pueblo. Se sacralizan
espacios que fueron el lugar de antiguas celebraciones indígenas, se
promueve la creación de cofradías” (pag 146, Bravo).
No se
debe obviar el hecho de la ubicación de Peumo en la ruta del “camino del
centro”, y por tanto, en las estaciones climáticas más benignas se
desarrollaba un tráfico de especie y de personas, que sin duda
contribuyo a la emigración y migración, en virtud de formar parte de lo
establecido por Tomás Lago, el cual identifico como cuna de la huasería o
de la chilenidad, a la región comprendida entre los ríos Aconcagua y
Cachapoal. Las menciones a las Haciendas de Quilamuta, Cocalán por su
relevancia ganadera son reiteradas y por entonces eran parte de la
Parroquia de Peumo y los límites de lo que se conocía como pueblo de
indios era la Hacienda Codao que contaba con población indígena que al
terminar las encomiendas en 1789 fueron radicados en Rapel localidad
costera a unos 30 kilómetros. Cabe señalar que la oposición del cacique
Catileu impidió que prosperara el proyecto del Cura Zúñiga de convertir
en villa el poblado, situación que vino ocurrir bien entrado el siglo
XIX.
La
parroquia junto al pueblo de indios, dieron origen a un poblado
disperso, en donde crecientemente se fue asentando población criolla y
mestiza, fue adquiriendo importancia como cabecera parroquial y si bien
la población indígena como ente jurídico término por desaparecer en el
siglo XIX, en 1805, se le asignaron 139 cuadras del total trescientas
setenta y dos cuadras, las cuáles eran 133 en una nueva medición
efectuada en el año1830. Cabe mencionar que el resto del terreno que se
llamaba pueblo de indios, se mantuvieron como tierras fiscales 218
cuadras las que fueron puestas a la venta en 1861. Por tanto, podemos
hablar de tres situaciones en lo referido a la propiedad de la tierra la
Hacienda Codao que con el paso del tiempo es subdividida en La
Esperanza, Rosario, La Rosa, Cachapoal de la surge Concha y Toro y
Sofruco y las propiedades de lo que inmemorialmente se conocen como las
“Puertas de Peumo”, desde donde entorno a la ribera del Cachapoal se
ubica los fundos El Molino y La Granja, siendo el resto mediana y
pequeña propiedad. El actual trazado del pueblo es resultado de la
relevancia que adquiere el pueblo con su nombramiento como villa,
capital de departamento posteriormente y la llegada del ferrocarril en
el año 1892.
Con
todo, la impronta evangelizadora esta presente hasta nuestros días, lo
mismo que su enemigo paradigmático Don Sata, pues aun se recuerda
cuando jugaba al tejo desde el Gulutren orientando los lanzamientos
hacia el río Cachapoal que queda por el sur. Trascendente para entender
este período histórico es la tesis de licenciatura en Historia de
Julieta Trujillo, la cuál da a conocer los esfuerzos del cura Zúñiga
por conseguir que se le otorgara la categoría de villa al poblado
finalmente establecido décadas después de su fallecimiento, el 9 de
junio de 1874.
La
convivencia entre lo indígena, lo profano con el centro ceremonial
católico no solo dejó huella en la espiritualidad del peumino, hasta el
punto de separar el campanario de la iglesia para extender una línea
imaginaria con el cerro la Cruz, sino también en el desorden de su
calle principal y de las afluentes, ligado ese trazado hirsuto al
antiguo de pueblo de indios, que con el paso del tiempo fue adquiriendo
una semblanza urbana, pero sin perder su condición de ruralidad. En la
actualidad uno de sus principales barrios urbanos es Aguas Claras, la
cuál hace 30 años era un serpenteante callejuela barrosa o polvorienta
según la época del año, de amables casas de adobe con quintas de
frutales, que hace más de medio siglo, tenía el local donde se vendían
las mejores empanadas llamado “los pilares azules”. Es cierto que el
valor agrícola de las propiedades ha dificultado el ordenamiento del
pueblo, pero ese dibujo sinuoso y largo de su calle principal y ahora
también de su barrio más importante, ha terminado por moldear a los
peuminos, a ese hábitat de callejones, pasajuelos y de una urbanidad
pincelada permanentemente por la naturaleza domesticada de los árboles.
Ese desordenado trazo de recovecos, multiplica la perspectiva del
habitante y de improviso lo ve pasar del acontecer cotidiano de los
deberes, a tomar contacto con el canto de los pájaros, el viento
agitando las ramas de los arboles y las fragancias de los azares y el
lienzo decantado del cerros y el cielo, así no queda mas que sacudirse
un poco de la fuerte impronta de nuestros semejantes, esta siempre al
alcance de la mano. A
diferencia de lo que plantea Claudio Magris, en lo acontecido con un
pasado que respira a la manera como lo hace en suelo en el barbecho que
precede la siembra, en ese caso son los monumentos arqueológicos o
historias que por generaciones habitan los muros, los patios, calles y
rincones. La identidad del Peumo de hoy, partió en lo alto en la punta
del cerro donde se ubica La Cruz Monumental y acá abajo en los terrenos
parroquiales con el añoso árbol conocido como el Palto Padre, no hay una
continuidad entre los vestigios remotos y el acontecer presente cuyos
cimientos están en lo vivido hace un par de generaciones.
La letanía del paso de pueblos de indios a villa.
Asumiendo
que los elementos anteriormente esbozados son evidencias de un pasado
pretérito suerte de sustento profundo de los elementos identitarios que
hoy caracterizan a los peuminos, el resultado pone en conjunción la
mixtura de la energía ancestral y única de la geografía con la
construcción social de una identidad, ésta no va más allá de tres
generaciones. Se ha establecido nuestro sentido de pertenencia, el
cual no es producto de la trasmisión de la oralidad de los peuminos
de las largas décadas que estuvo en Peumo, el párroco Antonio de Zúñiga
en el siglo XVIII, o de los años antes de la llegada del Ferrocarril,
ni menos de sucesos ampliamente reconocidos por la historia oficial. No
existe en mi Peumo natal o tantos otros pueblos de Chile un pasado a lo
“Microcosmo” del triestino de Claudio Magris, construido sobre capas de
historia, entremezcladas pero aun distinguibles, y sin embargo, sobre
como se expresa en la cotidianidad la identidad, podríamos decir que
sucede lo mismo que en el condado de Alemania del que era originario el
filósofo Heidieger, el cuál “le
inducía a considerar auténticos sólo a aquel bosque que había delante
de su cabaña, a aquellos campesinos que conocía por su nombre, a aquel
gesto que levantaba la hachuela sobre le tronco o a aquella palabra en
dialecto germano” (Pág.41.Magris). El “colorin” Bustos, encargado
de la oficina Pulmanbus, me comentó un día sin dejar de mirar el cordón
de los cerros “no es cierto que no hay ninguno más hermoso”.
¿Por qué
no hay registro en la historia oral más allá de los recuerdos
compartidos de tres generaciones?. ¿A donde han ido parar el legado de
los peuminos de los tiempos de la Guerra del Pacifico o de La
Independencia?. ¿O cuando se buscaban riquezas mineras en los cerros
cercanos? No queda más en relato que la leyenda fundadora de la
presencia del demonio y de la parroquia conteniendo sus embates, la
comarca antigua ha sido vaciada y solo la investigación histórica nos
va dejando señales de ella. Es como si esa vieja historia hubiera sido
enterrada debajo de las abigarradas raíces del palto- padre, ese que
trajo consigo un nuevo tiempo, condenando a brasas a penas discernible,
el pasado previo a la vocación frutícola.
Sin duda,
en esta situación influyan diversos factores, de partida lo acontecido
dentro de las haciendas, la existencia misma de quienes eran parte del
sistema hacendal, no trasponían esos límites, el inquilino y su familia
que condicionan una pertenencia compelida por la dependencia a las
potestades del patrón. Esa invisibilidad, se explica también por la
ausencia de contactos de estas personas con la escritura. De esa
precariedad de medios de la época de la Colonia de la que nos habla la
historiadora Sol Serrano, en donde según la autora, la hacienda ofrece
refugio y doctrina, sin acceso a la propiedad ni a la existencia
comunitaria, pues las regulaciones de la interacción social están dada
en forma jerárquica y excluyente por el “patrón”, para el antropólogo
peruano Fernando Fuenzalida se conceptualiza como “el Triángulo sin
base”.
Afortunadamente
los manuscritos que dejó el capitán de La Independencia, Don José de
Mesa, en vida fue subdelegado del gobierno en la aldea y se convirtió en
una biografía escrita por uno de sus descendientes, esto nos permite
tener datos de cómo era Peumo entre 1825-1850. Una descripción realizada
por consigna lo siguiente: 291 casas entre la punta y la manga de
Codao, 141 de ellos en terrenos propios y 150 en terrenos fiscales solo
había 20 casas con tejas, 74 de paja y 197 de ranchos ordinarios. Existe
una escuela fiscal y no hay edificios públicos. Si había 4 tiendas y
dos bodegas (Pág. 32. Hanisch). Un trabajo a futuro consistirá en
establecer, como paso la propiedad indígena a manos de los antepasados
de los actuales pequeños propietarios del pueblo, lo cual debiera ser
coincidente con la distribución sitios y viviendas de las principales
calles.
Ciertamente
comparte como muchos poblados del Chile colonial, su origen en un
pueblo de indios y teniendo su parroquia más 350 años existencia, y
comparte con la mayoría de ellos, la carencia de vestigios
testimoniales, lo cual se relacionada a la presencia de las haciendas,
la desaparición de la población indígenas. En cuanto a la cultura
asociada a los mestizos, se manifestará a través del canto campesino y
manifestaciones asociadas a las modalidades de recreación como carreras
de caballos a la chilena, chinganas, o fiestas religiosas, pero en
nuestro caso hay poco registro y estudio de aquello.
La
identidad vigente hoy en día, es producto de la fuerte reconversión
agrícola de la década del 20, lo cual posibilitó, por una parte, la
incorporación al regadío de nuevos suelos, y por otra, la proliferación
de plantaciones de viñedos y frutales en los predios empresariales y
frutales en las medianas propiedades y pequeñas. Se puede decir, de los
peuminos de entre 1600 a 1880, prácticamente no hay huellas más allá de
los archivos parroquiales, (a diferencia de los restos de cultura
material de los indígenas prehistóricos) revisado por el historiador
Jesuita, Hanisch Espíndola, ni siquiera hay recuerdo de un Peumo
aldeano, visitado por el Intendente Vicuña Mackenna en 1870 o de la
guerra civil de 1891. Eso de que somos un país adolescente tiene que ver
con las permanentes migraciones de los excluidos, de los sin historia,
ya sea por erradicaciones obligadas (población indígena) o quienes
parten a buscar mejores rumbos, abandonando sus precarias huellas,
heredades humildes, que luego fueron ocupadas por nuevos habitantes sin
lazos con los anteriores.
“Ninguna amarra une al roto al suelo. Siempre a la deriva es un resto
naufrago que el viento y el capricho llevan de norte a sur” ( Pág. 231Verniory).
La Sociedad Peumina.
Hay una
coincidencia entre el título de villa establecido 9 de junio de 1874, y
la visita del Intendente Vicuña Mackenna en el verano del mismo año, el
poblado, según el quinto censo de 1875, en población urbana contaba
con 460 habitantes(es decir menos de 100 viviendas), la visita ilustre,
deja consigo el avance en lo referido al mejoramiento de los caminos,
calles y la posterior nominación de Peumo como capital del Departamento
de Cachapoal (Diario Oficial 26 de diciembre de 1883), suma la
instalación de los servicios públicos y aumento de la actividad
comercial, situación que prosperó significativamente a partir del 8 de
mayo de 1892 con la llegada del ferrocarril. Se suma un nuevo actor que
nos dejará testimonio de esos años, el periodismo el cuál nos amplia las
fuentes de información y nos ilustra de los cambios que van ocurriendo
en el pueblo y sus alrededores. Por ello, y por registro de la historia
oral recogidos en su momento por el Historiador Walter Hanisch se
constatan los estragos que causó la epidemia de cólera de 1887 y la
Guerra Civil de 1891. El antagonismo de este conflicto llevó a
enfrentamientos entre vecinos y fue marcado por la necesidades de los
bandos de enrolar en su filas a la población masculina “ Cuando llegaba
los reclutadores les decían: “Se llevaron a todos los hombres, no
quedamos más que mujeres para trabajar”, y señalaban a los hombres en
los cerros lejanos disfrazados de mujer”(Pág 170, Harnisch)
La
ampliación de los servicios del Estado y del comercio se concentro
preferentemente en un radio de tres cuadras, desde la calle que
llegaba hasta la estación y empalmaba con la principal. Y para la década
del 20, la fisonomía arquitectónica se mantuvo con pocas alteraciones
hasta el terremoto del 27 de febrero de 2010. La frustrada clase media
rural de la que nos habla Gabriel Salazar, en Peumo si tiene su
oportunidad con la desaparición de la propiedad indígena, el cambio de
propiedad de las haciendas, trae asociada una mayor modernidad en las
relaciones laborales y la creciente incorporación a la educación formal
de las nuevas generaciones de inquilinos.
Es un
período que se extiende hasta bien avanzado el siglo XX, podemos hablar
de la emergencia de una sociedad pueblerina que se convierte en el
público preferente de la prensa local. Desde la década de los ochenta
del siglo XIX, la fisonomía social, cultural y económica de la villa de
Peumo, no estará solo cirscuncrita a las actividades agrícolas o la
búsqueda de minerales por sus cerros, sino que habrá una creciente
presencia de funcionarios públicos, como también la llegada de
profesiones de la salud (lo que se acrecienta con la entrada en
funcionamiento del Hospital aproximadamente por 1910). Son tiempos de
emprendimiento industriales como la fábrica de papel que comenzó su
producción en el año 1894 y que al menos 1900, producía cartón para
encuadernación, papel de envolver y papel secante (Pag 95 Subercaseaux),
al parecer su existencia terminó abruptamente por la destrucción
parcial de sus instalaciones (su materia prima era ropa en desuso
proveniente de centro de acopio de la capital y paja de trigo), y la
transformación productiva facilitada por la construcción de canales y
por la creciente orientación a la frutícultura.
La larga
calle principal rebautizada con el nombre de uno de los principales
opositores a Balmaceda, esta ataviada con fuertes casas de adobes de
altos muros construidas en un trazo continuo. El pueblo punta de rieles
se vio enormemente favorecido con la actividad comercial que trajo
consigo preferentemente migrantes españoles y emprendedores
nacionales, pues terminarán por cambiarle la cara al valle, haciendo
posible una fuerte movilidad social generada, tanto por la producción de
frutas, como por la comercialización de los productos que se consumaba
en la vega central de Santiago, y posteriormente con la habilitación de
la carretera panamérica, se agregan los mercados del Sur de Chile.
La fuerte
identidad local es un fruto de insumos y condimentos diversos como la
del periodismo, representado principalmente por el periódico semanal el
Progreso del Cachapoal que tuvo una existencia de 79 años, sin olvidar
otros medios escritos de importancia como la revista del C.D. Peumo o el
periódico parroquial. Es a través de estos medios donde es posible
enterarse de quienes integran los registros electorales, la vida social,
cultural y el acontecer policial y político en donde hay espacios,
tanto para el acontecer nacional, pero por sobretodo lo que atañe a
las autoridades locales (municipio y gobernación). Cabe mencionar que
la preeminencia de Peumo como centro comercial se vio afectado en la
medida que Las Cabras distante a 18 km se empezó a consolidar como un
poblado de importancia, una vez que fue la punta de rieles del ramal
ferroviario, paralelamente San Vicente Tagua-Tagua, rodeado de una mayor
concentración población fue posibilitando la existencia de una
floreciente actividad comercial que al cabo del tiempo lo ha convertido
en una ciudad que ha cuadruplicado la población urbana de Peumo.
La
decadencia como punto de obtención de servicios y de un comercio más
pujante, no impidió que a través de las actividades asociadas a la
fruticultura, se fuera consolidando una clase media con ingresos
derivados de sus propiedades agrícolas o de dedicarse al transporte
asociados a la comercialización, pudieron progresivamente acceder a
mejores niveles educativos para sus hijos, generándose una emigración
temporal y permanente hacia Santiago y Rancagua. Progresivamente el
pueblo, estratificado muy rígidamente que se puede colegir de la
revisión de los diarios de los años 20 y 30 o de loos recuerdos
familiares, va dando paso a una nueva situación, en donde nivel elevado
de la pirámide se ubicaban los dueños de los “fundos”, algunos de
ellos fuertemente vinculados con la sociedad santiaguina y en menor
escala con Peumo, salvo lo que desarrollaban las actividades políticas,
eran estos últimos los que se involucraban en los eventos o luchas que
solían verificarse. Los comerciantes y profesionales y empleados
públicos, constituían otro grupo que era fuertemente autoreferido y su
existencia estaba determinada por los acontecimientos pueblerinos o que
pudieran afectarlo (apertura de caminos, instalación de servicios
públicos o refriegas políticas nacionales o locales). La expectativas de
una mayor superación de las condiciones de vida esta puesta en la
educación, lo que lleva a muchos de los descendientes a emigrar
definitivamente de Peumo, para ejercer sus profesiones, se suma a lo
anterior que entre los funcionarios públicos (profesores, empleados
ferroviarios, poder judicial y otros hay bastante movilidad), más el
acceso mejores medios de transporte y de comunicación harán que este
grupo progresivamente vaya perdiendo esa autodenominación elitaria que
lo caracterizaba, a una convivencia más democrática y plural que se
comenzará a dar desde finales de los años 50.
Un tercer
grupo era los pequeños productores y asalariados de diversa índole,
pero por sobretodo ligados a las labores agrícolas. Este grupo se
movilizaba entorno actividades como las festividades religiosas, las
carreras de caballos y fútbol desde los años 20 en adelante, lo que fue
abriendo espacios de mayor interacción con el estrato más ilustrado. La
escuela pública era la alternativa educacional hasta sexto
preparatoria, (las humanidades se ofertaban en las ciudades de Rancagua,
San Fernando o Santiago) permitían un contacto cotidiano, como también
lo fue la creciente participación de los partidos de Izquierda y la
aparición de la Democracia Cristiana. Ese escenario fue muy propicio
para un reacomodo social que caracterizo a los años sesenta. El vals
Peumo Lindo, creación de Roberto Retamal (1959) menciona en su letra los
iconos de la vida peumina y de su prosperidad compartida, lo que
convirtió en un himno prácticamente desde que su autor lo cantó por
primera vez.
La posibilidad de prosperidad ofrecida por la actividad de la
fruticultura que permitía cierta movilidad social acompañado de la
vitalidad de las fiestas populares-religiosas, tales como el baile de
los Bomberos del año nuevo, el Carnaval Bomberil de febrero, la Cruz de
Mayo, Las Fiestas Patrias, incluido el tradicional multitudinario asado
en el Cerro La Cantera, La Fiesta de la Inmaculada Concepción, la
espera del tren en la estación o la ida cine, los aniversarios de los
principales clubes deportivos del pueblo son eventos provocan la
interacción social. Al ser Peumo capital de departamento, dispuso de los
servicios públicos, lo que consolidó su relevancia como centro de
servicios y cuando era necesario realizar gestiones de mayor complejidad
directamente se hacían en Santiago. Rancagua la capital provincial, no
parece influir sustantivamente en el devenir de la comuna. No se puede
decir lo mismo de la vecina Provincia de Colchagua, Talca, o Ñuble por
nombrar alguna de más fuerte prosapia. Una opinión muy calificada es la
que nos entrega en 1940, Benjamín Subercaseaux en su obra Chile o una
loca geografía “ Peumo,
Vichuquen, Santa Cruz y Curepto son pequeños pueblos aislados, tan sin
esperanzas que les resulta inútil mirar hacia la capital. Por eso se
encierran en una vida propia y una personalidad definida: la
personalidad pobre y altiva de las serranías de la costa” (Pág, 255, Subercaseaux)
Los movidos sesenta
En los
años llegué a este mundo y Peumo, que en mi caso son lo mismo, la
identidad pueblerina es por sobretodo una vivencia y convive con la
identidad nacional fuertemente inculcada por la institucionalidad
escolar (mis primeros dibujos que yo recuerdo como tales son el Combate
Naval de Iquique, sobre el cuaderno de receta de cocina de mi madre).
Pero son también los tiempos de una fuerte politización del país, donde
desde las elecciones presidenciales hasta las de regidores se alcanzaba
una alta participación de la población local, divida ésta, entre las
alternativas ofrecidas. Los medios de comunicación, la radio en mis
primeros años y la televisión desde los setentas en adelante, además del
mejoramiento de las rutas que facilitaron los desplazamientos, trajeron
las noticias con más rapidez e hicieron de sus habitantes más
ciudadanos del mundo. En este contexto, se tendía a pensar por entonces,
que los procesos de homogenización cultural, terminarían por avasallar
estas identidades locales, además al menos del caso chileno no gozaban
de mucha predilección, fueron estigmatizada por una parte de los
literatos chilenos, exacerbaron los rasgos “negativos” encontrados, se
solía asociar la vida provinciana una connotación negativa, en donde
prevalecían los prejuicios sociales y situaciones de abusos, lo que era
antagónico con lo que ocurría en los centros urbanos, donde las personas
podían aspirar a ser más considerados. Un ejemplo entre tantos de esta
visión asfixiante de las pequeñas ciudades, pueblos o aldeas con un
sello agropecuario, es la novela “El lugar sin límites” de José Donoso.
Más allá
de esta condición desplazada hoy desde la literatura a las teleseries;
mi pueblo fue marcado fuertemente por el proceso de Reforma Agraria,
pues aumentó el número de pequeños y medianos propietarios, he influyó
fuertemente en la disminución de la desigualdad y por ende atenúo los
conflictos observados por las desigualdad. Claramente las condiciones de
vida en el campo eran muy desmejoradas, particularmente entre los
inquilinos de los fundos que fueron expropiados.
La
particularidad de lo sucedido en el Chile es que la regionalización
impulsada por la dictadura militar, a partir de 1975, por una parte
disminuyó la presencia del Estado a través de sus ministerios, pero
aumento el poder de los municipios (eso sí con un extremado
protagonismo del alcalde), lo cual a la larga ha favorecido, el rol que
estos han cumplido en el fortalecimiento de la identidad local, un
factor que los últimos años ha pasado también hacer un elemento político
gravitante en la cotidianidad de la vida comarcana.
Como lo
ha señalado con tanta precisión y inspiración José Bengoa “Hay un
renacer de la conciencia territorial después, quizá, de décadas
marcadas por la migración, el abandono del campo, la simple búsqueda de
la “modernización”, que nunca nadie supo muy bien como definir….es el
“terruño” que al transformarse violentamente y saturarse la vida urbana
recomienza nuevamente a ser anhelado, recreado y revalorado”. (Pág
12.Bengoa)
III. Del retorno a la vivencia de la identidad pueblerina
A eso de
mis 13 y 14 años, en la plaza por el lado de la calle Purísima,
conversaba con mi amigo Andrés Monasterio, de cómo sería el futuro de
Peumo, éste apegado a la actividad agropecuaria, por ese entonces
parecía afectado y en crisis, sobretodo en su vocación de servicios y su
rol comercial (cierre de oficinas pública, fin de la estructura
administrativa del Departamento de Cachapoal, cierre de varias casas
comerciales), yo auguraba que lo moderno llegaría a través de la
construcción de edificios residenciales. En verdad, más bien el
crecimiento ha sido horizontal y siguiendo el desorden urbanístico de
lo que fue el pueblo de indios, por sobre esa diferencia de vivir en una
casa de población subsidio, en una de las antiguas casas de adobe, o
las más modernas de clase media o de los ricos del pueblo, la identidad
peumina parece más fuerte que en mi infancia, tendiendo hoy a
posibilitar una fuerte participación de las personas en la cosa pública
del pueblo, independiente de su condición social.
A los 43
años comienzo el retorno a la vivencia pueblerina. Vuelvo a reinstalarme
a lo menos en las vacaciones de verano, para Fiestas Patrias y
ocasionalmente algunos días el resto del año, cuando puedo escaparme de
vuelta a mi comarca “un pedazo del paraíso”, dijo uno de mis invitados
una vez, tengo casa nuevamente, re-habito, presento en sociedad a mis
hijos, los cuáles se sienten un poco parte de esa magia, de la que tanto
les ha hablado su padre. Vuelvo a reubicarme en la memoria compartida,
como también se me ubica como un vecino más, que de vez en cuando
aparece y desaparece. Pero al igual que Penélope que no acepta a su
amado cuando regresa porque no se ajusta a su recuerdo, el pueblo ya no
es mismo. El Peumo de hoy no solo tiene el doble de los habitantes que
en mis años de infancia, sino que han desaparecido el traquetear
cotidiano de las carretas a caballos, los vehículos motorizados han
aumentado un 1.000% en 20 años, los recorridos de transporte
probablemente en un porcentaje parecido, no así la estrecha calle
principal que siguen siendo la misma. Es decir estoy en el centro de la
contaminación acústica que cimbra mi habitación.
Es
valorable eso si lo masivo que es la utilización de las bicicletas, el
cual es el medio de transporte más usado, pues contribuye no solo a la
salud física y mental, sino que ayuda a que no se utilicen aún más los
vehículos motorizados. El día del primer retorno es el sábado 14 de
febrero del 2003, seguramente el día en que se batió el record de
casamientos en un día, pues el último fue a eso de la 11:00 de la noche,
era una rotativa de novios e invitados, coordinados por celular por el
Sacristán, y después tres orquestas amenizaron las fiestas en distintos
puntos con lo que mi retorno quedo lacrado “Peumo, pueblo musical y
fiestero” , asumiendo que otra de las gracias del pueblo, es la
abundancia de orquesta tropicales y sound, fruto de una tradición
iniciada por los hermanos Reyes en los años sesenta con su afamada
Sonora Juventud de Peumo, reconocida por su calidad musical en toda la
región, y que siguen reproduciéndose desde la banda municipal escolar.
En efecto, esta proliferación de grupos musicales y la gran aceptación
que cuenta la música tropical le impregna un sello a las celebraciones
del pueblo y sus sectores, en donde las presentaciones musicales son
abundantes, situación que se ha visto favorecido con el aumento de las
comunicaciones y el rol de las radioemisoras locales en difundir los
eventos.
La
irrupción de las radios de lo comunas cercanas y particularmente de la
Radio Naranja desde finales del año 2003, no solo ha facilitado la
difusión de la oferta de eventos e incluso de la producción discográfica
de los representantes más destacados, sino ha agregado un nuevo espacio
a la política local, que es seguida con notable interés por los
peuminos. La radio cuenta con alta audiencia de modo que la producción
de espacios pagados por el municipio para presentar la obra del alcalde y
de los concejales para denostarlo y dar a conocer su accionar son
comentarios obligados de las tertulias amicales o familiares.
Últimamente una emisora de corte público bajo el alero del departamento
de comunicaciones de la Municipalidad de Peumo, ha generado una
alternativa no comercial, A la vez el canal local de cable, va
adquiriendo un mayor protagonismo en la medida de que aumentan los
abonados.
Son
múltiples los ejemplos, en que la validación social de las personas no
se relacionan con su nivel de ingresos y tienen una oportunidad de
desarrollarse a través de variadas actividades, a saber el
reconocimiento de “curador” de la identidad a un empleado de una de las
librerías de artículos varios del pueblo, como la persona que atesora
conocimiento sobre la historia de Peumo y que se encarga de organizar la
subida al cerro en recuerdos de los socios y dirigentes deportivos del
“Peumo” fallecidos, el último sábado de octubre de cada año.
Debemos
consignar que esta particular celebración, no solo es el más importante
evento de conmemoración de un año más del Club Deportivo Peumo, sino
que nos retrotrae a los tiempos en que se celebra la procesión de La
Cruz y afianza ese vínculo profundo del peumino con la espiritualidad
representada por ese cerro cónico. La promesa del profesor Alberto
Castillo, por entonces secretario del club, de subir todos los años en
honor del dirigente caído en un enfrentamiento con Carabineros, fue
asumido hace más de cuarenta años y une a las diferentes generaciones
del club. La barra es la encargada de construir el escudo en los faldeos
del promontorio, que al anochecer se encenderá, con lo que se da la
partida a la fila india, ésta se ilumina de chonchones para avistar la
estrecha huella, y con avidez se sube en búsqueda de la cumbre. Cuando
se alcanza la cumbre se encuentra a las personas de más edad que han
preferido adelantarse para subir con más calma. Después del descanso,
viene la ofrenda, ahí en nuestro máximo altar los dirigentes pasan
realizar una rogativa a los pies de la cumbre monumental, después de los
rezos por lo que se han marchado, termina el acto con la entonación de
los dos himnos del club, arriba los astros no parecen tan lejanos y el
valle allá abajo con las multitudes de luminarias nos recuerdan nuestra
procedencia. Las energías están renovadas y todavía nos espera la
degustación del “caldillo de mariscos” en la sede del club, el final a
esta verdadera renovación del compromiso con el club que en realidad va
mucho más allá del deporte.
Las Fiestas Patrias comienza con una larga inauguración a cargo de las
autoridades, que se inicia con las ramadas de las localidades rurales
de La Esperanza, Rosario y Codao y termina en las principales, ubicadas
tradicionalmente en la antigua cancha de carrera de caballos a la
chilena, hoy convertido en un paseo público, para continuar con el
desfile en honor a La Independencia de Chile, aprovechada para dar una
cuenta pública de la gestión alcaldicia ante multitud, que es
prácticamente la casi totalidad de la población, y se inicia con el
marcial paso del “Cholito”, un obrero municipal jubilado envestido de un
viejo uniforme nos permite honrar a las antiguas glorias de antaño. En
la fondas y ramadas como en la “Noche de Sanjuán” descrita por los
versos de Antonio Machado “todos comparten”, sin importar la procedencia
y la algazara alcanza su esplendor cuando los acordes de Peumo Lindo se
canta con emoción, pero acá la fiesta se continua el veinte, con el
paseo al cerro a comerse un asado y elevar volantines, celebración que
comenzaron los funcionarios y obreros municipales, por todo el trabajo
de los días de las Fiestas Patrias y término siendo de todo los
peuminos.
Son
muchas las actividades que denotan una participación concertada y de
fuerte animación social: las campañas de solidaridad coordinadas desde
la Radio Naranja, entre ellas una de las que más recuerdo, la del
“Bambi” conocido militante socialista vendedor de maní, helados y
dulces; el interés que ha despertado la exposición que realizo el
fotógrafo Pablo Lira con fotos de sus treintas años de oficio; o la
alta participación y apoyo que tiene el ballet folklórico local en sus
presentaciones de gala en la cual repleta el gimnasio municipal.
La
extracción social de los alcaldes de la recuperada democracia, todos
hijos de la escuela pública, dirigentes gremiales que pasaron hacer los
alcaldes y concejales, muy lejanos a los ediles de la elite pueblerina
que existieron antes del 73 y post 73 en los años dictatoriales, siendo
más bien liderazgo surgido en las organizaciones sociales y deportivas,
pues en la práctica el único partido con una militancia activa y
numerosa que va quedando es el Partido Socialista. La relevancia de la
Coopeumo ha jugado ciertamente un rol de apoyo a la gestión económica de
los parceleros de la Reforma Agraria, pero ha extendido más allá su
influencia y llegado aun conjunto de personas relacionadas con la
actividad agropecuaria, por ejemplo muchos de sus socios participan de
Club de Huaso alternativo al histórico. La fuerte rivalidad deportiva y
dirigencial de los Clubes Deportivos que representa afinidades
traspasada de padres a hijos como la estrecha relación con las
localidades rurales (Santa Helena de Codao, C.D Concha y Toro, La
Granja y Aguas Claras). Que ha sumado al campeonato local a clubes de
las comunas de Pichidegua y Las Cabras abandonando la participación en
el antigua Regional Zona Central rebautizado como la cuarta división.
Nuevos
grupos sociales emergen con su propia identidad y reclaman sus espacios,
las denominaciones evangélicas que al igual que otras ciudades del país
tienen su propio Tedeum, y se expresan en liderazgos que entran a
participar de la vida política y social del pueblo. El grupo ecologista
de Peumo con casi veinte años de existencia, que ha desarrollado
diversas campañas y ha ganado proyecto innovadores como el reciclaje de
bicicletas. La creciente presencia de Peumo en la llamada web 2.0, nos
remite a que los nuevos espacios de comunicación son utilizados para
vivir la identidad más allá de los límites del valle y poner en
contacto a todos los que se conmueven e identifican con la experiencia
de ser peuminos. Particularmente la gestión de la primera autoridad
comunal en este período recogido muchos elementos de la vida digital.
En estos
casi siete años de retorno he podido aclararme cuál es el vínculo con
el pueblo y valle. Darme cuenta de porque nos importa tanto a los Bravo
Cuervo, pues ser peumino es una condición insonlayable, porque ha sido
un tema de continua evocación, de conversación de los almuerzos
familiares, gracias a ese amor por Peumo que nuestra tía Julia alimentó.
Abordar este cúmulo de intuiciones, vivencias, agregarle una que otra
lectura académica, por necesidad expresiva de mis intereses por lo
histórico y lo sociológico doy la bienvenida a esta mixtura de hitos que
iré declarando por la geografía peumina.
Sustentado
en el sentimiento identitario visitaré una y otra vez el territorio
desbordado del sueño, la imaginación, de la memoria y la utopía, daré
cuenta del Peumo que está en mi, el que me habla, el que me trae una y
otra vez de vuelta, el que me vio nacer, crecer y al que espero
devolverle en texto lo mejor que pueda de mi.
Bibliografía.
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Verniory Gustave. Diez Años en Araucanía 1889-1899. Pehuen, Editores 1996.
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